El asturiano lo sabe. Una historia tan bella no puede escapar a los ojos de nadie que lo haya presenciado en toda su inmensidad, contemplando sus facetas en todo su esplendor.
Basta con mirarles. Basta con darle la vuelta a la mirada, y a lo largo y ancho de lo reflejado en nuestros ojos se presenta ante nosotros un hecho capaz de sobrecoger al más duro de los corazones y estremecer todos y cada uno de nuestros sentidos.
Inapreciable para el que mira, pero radiante para el que ve.
Inaudito para el que oye, pero ensordecedor para el que escucha.
Surge ante nosotros sin llamar nuestra atención, si no les amamos igual que ellos se aman entre sí.
El asturiano lo sabe, pero se calla. De todos es sabido, pero nadie lo comenta. Las palabras no son dignas de expresar lo que se siente al contemplarles. Pero, para qué hacerlo, si el asturiano lo sabe.
Yo, como asturiana, lo sé, y al amarles tanto como lo hacen entre sí, puedo sentirlos, puedo verlos, puedo escucharlos y sobrecogerme presenciando tal despliegue de sentimientos arraigados desde sus profundidades hasta la brizna de hierba más superficial.
Se encuentra en Asturias al romance más antiguo del mundo, y sin embargo, el mas olvidado y descartado a la hora de hablar de lo que es el amor.
El amor, sin duda, es el Mar. Sin duda, es la Tierra, y sin duda, es el Cielo. Y aquel que se dé cuenta de este gran detalle, justo en ese momento, les mará tanto como lo hacen entre sí.
El asturiano lo sabe, y les ama. Los siente, los ve, los escucha y se sobrecoge ante su inmenso amor.
El Mar de nuestras vidas, ese tan frío, tan vigoroso, tan salvaje, se muestra ante nuestra vista como el mayor de los amantes que haya existido y existirá nunca.
Acaricia a la Tierra demostrándole su amor, susurrándole con palabras incomprensibles para nosotros, pero que, sin lugar a dudas, serán las más bonitas frases que nunca nadie haya escuchado.
Sólo ella, la Tierra, es dueña de sus secretos. Solo ella, que es amada sin descanso, suavemente en sus orillas, y con pasión en sus acantilados, sabe descifrar el mensaje del Mar.
Ella, que disfruta de un amor infinito, se sumerge en el mar, quieta, como refugiada, escondida, sintiéndose protegida y, simplemente, dejándose amar.
El asturiano lo sabe. Basta con mirarles. Basta con mirar más allá del Mar, y más allá de la Tierra.
A lo largo y a lo ancho de lo reflejado en nuestra mirada no están solo ellos.
Implacable ante su deseo, se extiende sobre nosotros el Cielo, por encima del Mar, y por encima de la Tierra.
Les observa cada instante, en cada caricia, escucha cada susurro, cada día, cada noche, amándola a ella en silencio y envidiándole a él, único dueño de su amor.
El asturiano lo sabe, y no se lo dice al Mar. Sabe que allá donde convergen el inocente Mar y su enemigo el Cielo, en la línea del lejano e inalcanzable horizonte, mientras libran su batalla, origen de tempestades y tormentas, resultado de ese color negro furioso que en ocasiones provoca que se confundan en nuestros ojos, mientras el mar defiende a su amada, allá donde él no alcanza, donde sus olas no pueden llegar, el Cielo extiende su mano y acaricia a la Tierra, convirtiendo su lucha en una mera distracción para el Mar, para intentar que la Tierra se funda con él, como lo hace con el Mar, trazando una línea sinuosa a espaldas de aquel que se deje impresionar por una lucha que no tiene otro fin que el de conseguir un amor, el de la Tierra, y no tiene otro resultado más que la historia de un amor infinito y una lucha continua entre el Mar, la Tierra y el Cielo.
El asturiano lo sabe, lo ve y lo escucha, pero no lo comenta.
Simplemente vive con ello.
Mire a donde mire; hacia el Mar, hacia la Tierra o hacia el Cielo, siempre verá y siempre escuchará:
Mas allá del Mar, se librara una batalla. Mas allá de la Tierra, se cumplirá el amor furtivo, deseo del Cielo. Y a nuestros pies, toda la majestuosidad de la historia de amor más bella del mundo.
Pero nadie lo comenta, porque el asturiano, lo sabe.
martes, 12 de junio de 2007
sábado, 2 de junio de 2007
De parte de su recuerdo
Adiós a mis ojitos
Ya te has ido, y ahora es cuando más te necesito. Te fuiste sin avisarme, sin esperarme, sin dejar que te diera un ultimo beso que recordaría para siempre... Aún tengo tu olor en mi jersey, y tu mirada grabada en mi mente. Esa mirada que me decía: Yoly, me tengo que ir. Eras mis ojitos. Eras mi gordito, mi bolita de patata, mi fabina... Como si me entendieras te preguntaba qué tal te había ido el día, y tú, como si yo te entendiera, me mirabas y me abrazabas fuerte metiendo tu cabecita por mi cuello.
Nunca dejaré de lamentar el no haber estado a tu lado. Quería que te fueras tranquilo, que te durmieras en mis brazos, sintiéndote más querido que nunca, y que no tuvieras miedo ni dolor. Que no te asustaras, porque yo estaría contigo, abrazándote. Siempre lograba calmarte, y sé que entre mis brazos te sentías protejido. Siento no haber estado ahi, mi Pipi. Me fui un rato con la idea de volver enseguida para pasar la noche en vela contigo por si se te ocurría irte, y cuando volví a casa ya no estabas. Solo estaba tu cuerpo. Todavía estabas calentito, pero tus ojitos ya no eran los de siempre. Tú no estabas ahi dentro. El azul de tus ojitos había desaparecido, el brillo, la curiosidad, ese mirar tan dulce que tenías...no eras tú.
Es curioso, que cuando te cojía para darte calor estos últimos días y lloraba contigo y por ti, intentaba recordar todos y cada uno de los momentos que pasamos juntos, y me era imposible. Te miraba a los ojos, y si me devolvías la mirada, todo se paraba, se me rompía el corazón y me sentía impotente al no poder mantenerte conmigo siempre. Pero ahora que te has ido, los recuerdos vienen a mi mente sin ningún problema. Ojalá sea siempre así.
¿Quién me dará la bienvenida a casa cada día con tu carita de felicidad?
¿Quién vendrá a sentarse sobre el teclado para que le preste atención?
¿Quién me abrazará tanto que me clave las uñas en el hombro sin yo sentir dolor?
Nada de lo que te dije nunca describió bien lo que eras para mi. En verdad me parecías la cosa más guapa del mundo, pero por mucho que te lo dijera creo que nunca me entendiste del todo. Estos últimos días,al estar poco tiempo contigo intentaba que los ratitos que pasabamos juntos fueran de provecho, e intentaba resumirte todo lo que te quería y lo que había pensado en ti. Pero solo el abrazarte era para ti significativo, asique te abrazaba mucho rato y tu me devolvías el abrazo todo lo fuerte que podías.
Me dejas unas cuantas cicatrices en el cuerpo, y tu huella para tatuarmela. Tú mismo me diste la idea.
Nadie sabe lo que te voy a echar de menos, mi gordito, nadie sabe lo que te quería, mi Pipi, nadie sabe el dolor que me inhunda los ojos y el corazón al pensar que no te volveré a ver.
Aunque cada vez que entre en mi habitación, cada vez que doble la esquina del pasillo, te veré por un instante, como una visión desacertada que me recordará que has estado ahi.
Te echaré de menos cada día de mi vida.
Adiós, mis ojitos.
Ya te has ido, y ahora es cuando más te necesito. Te fuiste sin avisarme, sin esperarme, sin dejar que te diera un ultimo beso que recordaría para siempre... Aún tengo tu olor en mi jersey, y tu mirada grabada en mi mente. Esa mirada que me decía: Yoly, me tengo que ir. Eras mis ojitos. Eras mi gordito, mi bolita de patata, mi fabina... Como si me entendieras te preguntaba qué tal te había ido el día, y tú, como si yo te entendiera, me mirabas y me abrazabas fuerte metiendo tu cabecita por mi cuello.
Nunca dejaré de lamentar el no haber estado a tu lado. Quería que te fueras tranquilo, que te durmieras en mis brazos, sintiéndote más querido que nunca, y que no tuvieras miedo ni dolor. Que no te asustaras, porque yo estaría contigo, abrazándote. Siempre lograba calmarte, y sé que entre mis brazos te sentías protejido. Siento no haber estado ahi, mi Pipi. Me fui un rato con la idea de volver enseguida para pasar la noche en vela contigo por si se te ocurría irte, y cuando volví a casa ya no estabas. Solo estaba tu cuerpo. Todavía estabas calentito, pero tus ojitos ya no eran los de siempre. Tú no estabas ahi dentro. El azul de tus ojitos había desaparecido, el brillo, la curiosidad, ese mirar tan dulce que tenías...no eras tú.
Es curioso, que cuando te cojía para darte calor estos últimos días y lloraba contigo y por ti, intentaba recordar todos y cada uno de los momentos que pasamos juntos, y me era imposible. Te miraba a los ojos, y si me devolvías la mirada, todo se paraba, se me rompía el corazón y me sentía impotente al no poder mantenerte conmigo siempre. Pero ahora que te has ido, los recuerdos vienen a mi mente sin ningún problema. Ojalá sea siempre así.
¿Quién me dará la bienvenida a casa cada día con tu carita de felicidad?
¿Quién vendrá a sentarse sobre el teclado para que le preste atención?
¿Quién me abrazará tanto que me clave las uñas en el hombro sin yo sentir dolor?
Nada de lo que te dije nunca describió bien lo que eras para mi. En verdad me parecías la cosa más guapa del mundo, pero por mucho que te lo dijera creo que nunca me entendiste del todo. Estos últimos días,al estar poco tiempo contigo intentaba que los ratitos que pasabamos juntos fueran de provecho, e intentaba resumirte todo lo que te quería y lo que había pensado en ti. Pero solo el abrazarte era para ti significativo, asique te abrazaba mucho rato y tu me devolvías el abrazo todo lo fuerte que podías.
Me dejas unas cuantas cicatrices en el cuerpo, y tu huella para tatuarmela. Tú mismo me diste la idea.
Nadie sabe lo que te voy a echar de menos, mi gordito, nadie sabe lo que te quería, mi Pipi, nadie sabe el dolor que me inhunda los ojos y el corazón al pensar que no te volveré a ver.
Aunque cada vez que entre en mi habitación, cada vez que doble la esquina del pasillo, te veré por un instante, como una visión desacertada que me recordará que has estado ahi.
Te echaré de menos cada día de mi vida.
Adiós, mis ojitos.
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