jueves, 17 de mayo de 2007

De parte de mis ilusiones

Hace un tiempo creía que podría hacer todo lo que tenía planeado, porque mis planes no eran nada del otro mundo. Lo malo de las ilusiones, aparte del echo probado de que se pueden quebrar, es que casi siempre dependen de algo o de alguien. Por norma, una gran ilusión, quiero decir, aquella que no nos deja dormir deseando que se haga realidad, depende de tantas cosas que llega a ser muy difícil que se cumpla. Siempre falla algo. Y siempre suele ser ese algo sin el cual es imposible que se llegue materializar. Mis ilusiones os dejan esta pregunta:
¿Qué hacer?
¿Seguir ilusionándonos por cosas que puede que nunca lleguen a pasar y por lo tanto, seguir desilusionándonos cada vez que no pasen?
¿O simplemente dejar de ilusionarnos ante la posibilidad de llevarnos una desilusión?
Una vez escuché algo parecido a esto: "Puede que la gente que se arriesga llegue a vivir poco tiempo; pero lo que está claro es que la gente que no se arriesga, no llega a vivir en absoluto".
Buena frase.
Personalmente prefiero vivir ilusionada hasta estar segura de que la ilusión en cuestión no se va a cumplir y que la desilusión se borre con otra nueva ilusión. Siempre pasa.
No hay que tener miedo a ilusionarse como un niño. Porque mientras vives así, eres feliz.
La desilusión siempre está ahí.
La ilusión por desgracia, no.
Aprovéchala.